El Espejo.

De pequeño, obtuve una enseñanza que siempre recuerdo. Bueno, siempre. A veces se me viene a la mente.

Año 90, 90 y algo. Por ahí. Verano. Calor. Humedad. Gente brillosa.

Parque de diversiones. Parque de atracciones. Parque de… tenía un nombre que no recuerdo bien.

Tampoco recuerdo con quién estaba. Con mis padres. Que no iba a estar solo. Supongo.

Ya sabes por qué no me iba bien en la los exámenes esos de memorizar.

Oki.

Para un niño, no hay cosa mejor que uno de estos parques. Vamos, año 90 videojuegos había, pero no la semi prostitución de estos tiempos.

La montaña rusa. Los coches de choque. Los toboganes de agua. La casa del terror.

Ir a uno. A otro. Volver al anterior. En el medio comer unas gominolas. Ingerir azúcar desmedidamente. Dopamina. Placer asegurado.

Sigo.

Había un juego que me llamaba la atención más que el resto. No por lo divertido. No por lo placentero. No por lo dañino (chocar coches, buen juego para niños).

Por lo desafiante. Por lo intrigante.

El laberinto de los espejos.

Si nunca has ido, primero, lamento tu infancia. Segundo. Es un laberinto en donde las paredes y el techo son espejos. A que ya lo intuías.

Oki.

Ese juego, si lo analizas, es una metáfora de lo que muchas veces nos pasa. O mejor dicho, nos pesa.

La mirada del otro.

Ahora que pienso, no sé si estaba en un parque o en mi primera sesión de terapia. Da igual.

Al entrar al laberinto me topaba con decenas de mí mismo, de costado, arriba, más altos, más gordos, más estilizados…que cuando volteaba, me estaban mirando. Siempre. Constantemente. Fijo. Sin renuncia.

Que miedo.

Creo que prefiero el de los coches.

Cuando hablamos de montar tu negocio online, de salir en redes, de hacerte fotos para tu web, de escribir tus textos, de mostrarte como un profesional hiper ultra mega sobrio (es broma) te pilla un cosquilleo.

Un escalofrío.

Que te tienes que mostrar. Para que te vean. Que si no te ven, no te contratan.

Is true.

Pero el juego del laberinto me mostró algo importante. Lo entendí después. Con el tiempo.

Que a veces recuerdo. Que debería recordar más seguido.

La mirada del otro, es siempre la tuya. Reflejada en los demás.

El juego me hizo sentir observado, pero no había otro que yo mismo mirando.

La mirada ajena, no es otra cosa que mis expectativas de lo que creo que van a pensar. De lo que van a decir. De lo que eso me va a afectar.

Esto pasa en internet. Creemos que la gente estará pendiente de nosotros evaluando lo que hacemos y nuestros colegas juzgando nuestro profesionalismo.

Cuantas veces dejas de mostrar el valor que tienes para ofrecer, o lo retrasas por miedo a mostrarte de una manera que te asegure verte «seri@» o «profesional» .

Como si lo que sabes se demostrara por tener las gafas sucias y el seño fruncido.

No.

Cuanto más humanizas tu marca, más te diferencias. Más confianza. Más resultados.

Al final del laberinto me topaba con un espejo normal. En donde me veía normal, tal cual soy. Con mis defectos. Con mis virtudes. Con mi humanidad.

Era «EL ESPEJO», el de verdad.

Esto es importante para vender(te). EJERCER TU PROPIA PERSONALIDAD. Si hablas como todos, serás percibid@ como todos, y eso no hace falta que te diga que no es bueno para tu negocio.

Esto significa que debes potenciar (y mostrar) los rasgos de tu personalidad que más te acompañan en tu día a día, combinados con las habilidades de venta que facilitan el paso a la acción de las personas que llegan a conocerte.

Sin perder profesionalismo. Por Supuesto.

Estos son conceptos básicos.

De algunos otros conceptos (básicos y no tanto) también hablo en mi newsletter, y en mi secuencia de regalo, que quizás te sirva. Aquí debajo:

Querer vivir bien de tu negocio sin querer vender, es como apuntarse al gimnasio y no faltar ni un solo día. No existe tal cosa.

"3 conceptos simples y efectivos, que si los aplicas, puede que dupliques tus ventas"

Conceptos que yo tuve que pagar para que me los contarán. Tú te los llevas gratis. Bueno, que no hay nada gratis, si te apuntas aquí debajo los recibes en 3 correos entretenidos. O eso dicen. Luego me cuentas si valen la pena.

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